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viernes, 12 de enero de 2018

El premio a Manu Velasco.


Dan el premio de mejor docente de España a Manu Velasco, un profesor de El Bierzo que tiene un blog muy bien diseñado y que defiende, como maestro, todo tipo de consignas o ideas de integración, de la escuela como espacio de la felicidad, el maestro como acompañante, motivador que no impone sino que escucha, que habla de forma positiva, que no compara a sus alumnos, que valora sus esfuerzos, que conoce sus fortalezas, que les pone metas accesibles, que cree en ellos, que se apasiona con su trabajo manteniendo expectativas elevadas pero razonables, que los educa para que estén abiertos al cambio para que aprendan a superarse, que los motiva con lo que disfrutan… 

No quiero ser negativo con un profesor como Manu Velasco que es maestro y sus propuestas dentro de un contexto de niños pequeños son muy razonables y oportunas. Dudo si entre adolescentes estos presupuestos que supone tratar a los alumnos con algodones procurando un ambiente de eterna felicidad en el aula, son igualmente válidos. Este tipo de educación contrasta con otras que hacen de la exigencia un polo fundamental. No sé qué perspectivas tiene este tipo de educación que no evita la crueldad en las aulas, el dolor de crecer y de relacionarse con los demás. Pienso que las tendencias actuales hacen de la escuela una suerte de jardín de infancia perpetuo y que pretende mantenerlo hasta el bachillerato de modo que, como decía alguien el otro día, los jóvenes de veintitantos años son adolescentes grandes, y los adolescentes, niños grandes. Me pregunto si todo este conjunto de ideas fuerza de Manu Velasco no favorece la creciente puerilización que estamos viviendo. Recuerdo que hace años, cuando comencé a trabajar, no existían estas filosofías positivistas de modo generalizado, aunque sin duda habría también buenos maestros y malos, y los adolescentes eran más maduros y responsables, más dueños de sí mismos. Paralelamente a esta filosofía buenista se produce la consideración de los niños como incapaces y a los que hay que proteger o hiperproteger acompañándoles eternamente como si no pudieran activar recursos de autosuficiencia como reacción frente a la adversidad. Los colegios y los institutos tratan a los niños con un espíritu superprotector encerrándoles durante las horas escolares con verjas y cerraduras para que no puedan salir, mientras que yo viví una enseñanza a partir de los catorce años en que los alumnos podían salir libremente del centro educativo. 

Me congratulo del premio a Manu Velasco, un premio esencialmente mediático, pero tengo mis dudas sobre si esta filosofía como inspiradora del sistema educativo no crea seres desvalidos y dependientes que aspiran a tener siempre un estado de perenne felicidad sin crear mecanismos de resistencia frente a lo otro, frente a la adversidad, frente al mundo exterior.

Me pregunto si el nuevo tipo de adolescente perpetuo que necesita siempre un estado de satisfacción mediante likes en las redes sociales no puede ser el fruto de una filosofía, no reducida solo a la escuela, que pretende que la vida solo es un espacio para ser gozado. ¿No hace esto individuos narcisistas, hedonistas radicales, incapaces de soportar la fatalidad y el infortunio? ¿Seres esencialmente frágiles y esclavos de sus deseos que no pueden dejar de ser satisfechos sin cesar


domingo, 5 de junio de 2016

Gracias. Hasta siempre.

Siento que ha llegado el momento temido y anhelado. Profesor en la Secundaria va a poner punto final a su recorrido tras casi once años de publicaciones. Más de ochocientos posts, unos 20000 comentarios y largo el millón de páginas vistas, ha sido el resumen de su historia que ya deja de ser presente. Es o ha sido un blog que se ha basado en el aula, que se ha hecho a partir de ella. Mi situación va a cambiar y esto deja de tener sentido. Agradezco enormemente a todos los que en un momento u otro en estos años me habéis seguido y comentado. Ha sido un placer estar presente en los debates de nuestro tiempo en el campo educativo. No he pretendido ser un gurú sino expresar mi modo de sentir y mis contradicciones, tan evidentes, explorando un proceso de pensamiento y emociones muy complejo. Doy por cerrada esta etapa, no sin pena, pero probablemente abra otro blog en que daré salida a otras reflexiones porque esto de escribir me supone una gran satisfacción.

Ojalá que la educación sea una de las cuestiones prioritarias en la agenda política y que se consiga un pacto de estado al respecto, aunque lo dudo.


Cordiales saludos a todos.

miércoles, 1 de junio de 2016

Martín&Zakia, una tragedia de amor y odio


Trabajar en un instituto de “máxima complejidad social” con casi un setenta por ciento de alumnos procedentes de la inmigración tiene aspectos muy interesantes. Es como un crisol de la sociedad real en que se abordan cuestiones que en otros centros “menos complejos” ni siquiera sospechan. En base a esa riqueza social ha habido una sorpresa y estímulo para nuestro centro situado en el barrio de Sant Ildefons en Cornellà de Llobregat. Un par de profesores con ganas de implicarse han llevado a cabo un proyecto videográfico en forma de largometraje (67’) que ha obtenido el lunes 30 de mayo el primer premio del Consell de l’Audiovisual de Catalunya  (CAC) en la categoría de profesores. La película en que han intervenido casi una treintena de alumnos de diversos cursos se llama Martín&Zakia, una tragedia de amor y odio. Los profesores se llaman Mario Durán el director y Sonia Martínez Megía, la ayudante de dirección y distribuidora. Nuestra peli, en la que tuve un pequeño papel de tendero racista, desarrolla la historia de Romeo y Julieta en Sant Ildefons. Dos muchachos, ella de origen marroquí y musulmana y él, español del barrio de toda la vida, se encuentran en el mercadillo de los jueves y sienten un flechazo el uno por el otro. Es una historia de amor apasionada entre ambos jóvenes que se enfrentan a sus diferentes orígenes representados por bandas rivales en el barrio. Las escenas se rodaron totalmente en el barrio. Son reconocibles las calles y callejones, pintadas, comercios, ventanas, ropa tendida, las casas de los protagonistas, el instituto y su formador que intenta evitar estos enfrentamientos violentos entres las bandas, promoviendo trabajos conjuntos. La película tiene un ritmo trepidante con persecuciones, enfrentamientos, música, amor y muerte.

La película se ha hecho con medios muy precarios a nivel técnico. Ese es el principal handicap para llevar esta película más allá de certámenes escolares. Se basa en el buen conocimiento de las técnicas cinematográficas, reconocidas por diversos premios al director, y el voluntarismo absoluto de dos profesores entusiastas.

El orgullo que sintieron los chavales el otro día al recibir el galardón en el barrio más exclusivo de Barcelona, Sant Gervasi, fue extraordinariamente motivador. La mezcla cultural de nuestro instituto animó el CosmoCaixa. La película no se puede ver públicamente por problemas legales con la autorización de los protagonistas menores de edad. Mañana se exhibirá en la FNAC de la Illa Diagonal a las 18.00 h.


Tengo la impresión de que esta vertiente documental y social no está siendo aprovechada por el cine español. Tenemos verdaderos filones de historias en barrios que habitualmente no salen en las noticias. Nuestros resultados académicos están lastrados por nuestra realidad poliédrica, pero somos un referente, los centros como el nuestro, de una complejidad y riqueza extraordinaria. En estas calles de Sant Ildefons surgió el dúo Estopa, cuyo bar originario, La Española, está a cien metros del instituto. Cuando bajo o subo por las escaleras de nuestro centro, multicolores y animadas, siento un orgullo muy especial por pertenecer a este mundo académico tal vez en los márgenes. Luchamos por que estos muchachos acrediten la ESO y que sigan estudiando. Nuestro bachillerato es deficitario, pero nos sentimos estimulados cuando muchachas musulmanas llegan a la universidad en circunstancias muy difíciles. Desde luego, la realidad que vendrá, que está viniendo, no nos sorprenderá a los que trabajamos en centros como el nuestro. De momento, estos días vivimos el momento dulce del premio a nuestro instituto. Sin ningún presupuesto, solo con voluntad se hizo esta película totalmente con actores sin ninguna experiencia previa. Y el resultado es francamente interesante.

En el vídeo de 5 minutos no aparezco yo que lo vi desde el anfiteatro junto con otros alumnos. 

jueves, 26 de mayo de 2016

Los relatos de la escuela


El bloguero Aitor Lázpita, autor del blog GramáticaParda, publica un interesante post en el blog colectivo Tres tizas que lleva por título Las historias de Aitor Lázpita. He comentado en el blog pero las reflexiones de Aitor me parecen tan sugerentes que las continúo desde mi ángulo personal.

Aitor viene a decir que todo individuo, toda institución, toda colectividad ... se basa en una historia o conjunto de historias que vienen a ser la expresión de unos mitos. No son los datos biográficos o históricos, no, es la construcción literaria que se hace de ellos. Así todos tenemos una historia personal que es el modo en que contamos a nuestro personaje en medio de las circunstancias. Da igual si en esta historia hay literaturización, construcción ficticia, reelaboración, porque de hecho la hay siempre. De ahí esa pasión que tenemos los seres humanos por que nos cuenten historias o reelaboraciones más o menos literarias.

El problema está en que hay historias que no se comparten, que hay diferentes relatos para explicar la política, la sociedad, la escuela y de allí surgen planteamientos más o menos conservadores o más o menos progresistas, basados esencialmente en los citados relatos que los nutren.

¿Por qué, incide Aitor, la escuela da lugar a relatos tan disímiles y es imposible articular una narración común para crear una ley educativa consensuada –añado yo-? ¿Qué relatos hay sobre la escuela? ¿Sobre los profesores? Uno entiende que se ha metido en un buen berenjenal. Y en seguida surgen ideas base o fuerza sobre el periodo de secundaria:

Por un lado: enemigos de la escuela garaje o aparcamiento, necesidad del esfuerzo (una palabra cargada de semántica muy compleja), contra la trivialización del aprendizaje, disciplina, rigor, densidad, competitividad, orden, conocimiento, profesor como organizador, jerarquía, solidez, contra la escuela como guardería, contra una escuela banalizadora, igualadora por lo bajo, vulgarizadora, creadora de individuos gregarios y mediocres, adaptados al capitalismo...

Por otro: contra la escuela desmotivadora anclada en el siglo XIX, preparación de un futuro inminente, motivación, emociones, juego, inteligencias múltiples, renovación metodológica y pedagógica, generación de nuevos modelos de aprendizaje, el rol del profesor como cooperador, conocimiento extendido en red, tecnología, trabajo interdisciplinar, aprendizaje significativo y cooperativo, estructura no jerárquica, inclusiva, no competitiva, relación con nuevas realidades, nuevos paradigmas, nuevos modelos organizativos, fomento de la creatividad...

Pero...

Un claustro es una institución de los institutos que reúne a todos los profesores de variadas edades y materias y en ellos se hallan instaladas historias o mitos sobre el papel de la escuela y sus roles como profesores. Cada profesor tiene interiorizado un esquema básico –a menos que sea simplemente un vividor- y lo intenta aplicar según sus posibilidades. Intenta que sus alumnos aprendan. ¿Pero lo consigue? ¿Aprenden sus alumnos? ¿Qué aprenden? ¿O solo memorizan y olvidan? ¿Es capaz de crear un modelado cognitivo que dé fundamento al proceso intelectivo? ¿Repiensa su modelo o cree que tiene ya un relato consistente para narrar la escuela?

Para pensar las historias que nutren nuestras ficciones habría que conversar, habría que compartir experiencias, reflexiones, reelaborar nuestros mitos, intercambiar, pero un claustro de profesores es un organismo casi anodino por lo que yo conozco. Predominan las instancias conservadoras que desconfían de las innovaciones, no son profesores que se renueven metodológicamente y desconocen conceptos fundamentales que están surgiendo, no son curiosos. Tienen su librillo como cada maestro. Unos buscan esto y otros buscan lo otro, pero raramente o nunca se comparten dudas y metodologías. Cada uno está encerrado en su burbuja y apenas sale, solo para respirar. Tiene sus mitos ancestrales, básicos, esenciales. El aula es el reino del profesor y ha de saber gestionarla en total soledad. 

Pero ¿cómo lo hace? ¿qué se busca? ¿qué se quiere obtener de ello? ¿qué se espera que quede para el futuro? ¿para qué realidad estamos preparando a nuestros alumnos? ¿Logramos que aprendan?

Tenemos narraciones personales y colectivas pero son impermeables y rocosas. Lo normal no es que se esté dispuesto a aprender de nuevo. Hay mucha resignación, se culpa a la sociedad, a los padres, al gobierno, a las leyes, al entorno de los alumnos ... a todo menos a poner exponer y explicar los mitos personales, las historias o relatos, esos que conforman inconscientemente el día a día en el aula.


Si los profesores ni siquiera intentan consensuar un relato de escuela, ¿cómo podemos esperar que los partidos cambiantes sean capaces de hacerlo?

Y además ¿qué piensan nuestros alumnos al respecto?

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